¿Qué hacer? ¿Qué aspecto de la obra elegir si de lo que se trata es de escribir sobre una novela que lleva editada cien años entre nosotros y aún persiste en influir a creadores?
No estaría de más acotar –nos aconsejamos- que en tanto parte histórica de la literatura, integra los cánones de la misma y sirve de referente al contexto político de la sociedad inglesa. Tampoco los conflictos en esta novela, publicada en 1925, son ajenos a las consecuencias de la guerra, visibles en las alteraciones del comportamiento: evasión en delirios mentales o en actividades que denotan firme voluntad de olvido.
Sin embargo, si eligiéramos el impacto de esta obra en los creadores, podríamos citar a Michael Cunnigham y su novela Las Horas, 1998, Premio Pulitzer, y al director de cine, Stephen Daldry en su film del mismo nombre, de 2002, quienes han logrado enlazar las circunstancias de tiempo y de lugar en una narración actual y en los límites que sólo la poesía es capaz de alcanzar. O el lugar de la mujer… o la soledad del poeta en la sociedad mercantil y colonialista… no serían enfoques desdeñables, divagamos. También podríamos elegir el rastreo, entre sus líneas, de las similitudes o diferencias con Ulises de James Joyce, de 1917.
Cerrado el libro, y aún conmovidos, recordar que hemos ido a la recreación, en el filme, para verificar si estábamos en lo cierto, si todo lo que habíamos entrevisto con la imaginación coincidía con la mirada de estos creadores. Y que después hemos buscado a Virginia Woolf, su raciocinio, su pensamiento, su capacidad de análisis, su modo tan humano de acercarse a la problemática de la mujer en su libro “Una habitación propia” impostergable para hombres y mujeres que deseen ahondar en la relación histórica entre los sexos.
Hay un médico que receta voluntad y optimismo contra el síntoma. Otro médico, casi siniestro por lo no familiar, que desplaza al primero. Élite humana, a la que V. W. invoca a través de la angustia del poeta y a la que recuerda sobre la necesidad del artista. Naturaleza humana, llama el poeta al médico y percibimos el temor cuya cercanía confirma la proximidad de la inmanejable pérdida de la razón.
En el caso del poeta enfermo las decisiones que hacen al cambio de su vida recaen en otro: su mujer le acompaña, le cuida, y le vigila para que no cometa locuras, el médico decide (por él y también por ella) la internación en una clínica. En el caso de la señora Dalloway, es por ella por quien pasa la decisión: dar una fiesta, comprar flores, reunir a la gente. Cuanto más aumenta la actividad que tiende al alejamiento de la interioridad, hacia el olvido en la sociedad, más se aísla en su mundo de voces y agrava su salud el poeta.
A simple vista sería la capacidad de decisión la que contrapone la salud de la enfermedad mental.
Estas decisiones, que hacen a la historia narrada, va por cuenta de los personajes, pero otra le espera a la creadora Virginia Woolf: el cómo. Desde qué voz narrativa, desde qué focalización encontrará el espacio donde bucear, insistir, indagar. No podrá ser una voz directa, cual luz cegadora, tampoco una tercera omnisciente. Deberá ser una voz sesgada, que permita mirar, ser mirado por otros y por sí mismo. Deberá ser –nos permitimos imaginar el ingenio creador de V. W.-, una voz que mientras narre cuestione lo establecido, y que además, por añadidura, diga lo contrario de lo que debería decir en lo público, pero que no pueda acallar lo que percibe en lo íntimo. Porque sólo diciendo lo contrario podrá expresar lo que es cuando el lenguaje social ha censurado el rasgo subjetivo. Es en altos niveles de actividad social donde florece el tono de la ironía y el sarcasmo como defensas, como escape, como expresión refinada del yo apresado. Y parecieran los ingleses estar en altísimo grado dotados para tal ejercicio.
En cuanto a la focalización, la autora se la permite a cada personaje, a fin de que cada uno narre sin interferencias. Nota: Sería interesante recurrir al concepto de novela en su disertación ensayística “Una habitación propia”.
Consciente la autora del sutil espacio que habrá de indagar elige un ángulo apropiado, una voz narrativa que se mantendrá durante toda la historia y casi en todos los personajes, tan independientes unos de otros que parecieran cada uno de los monólogos, cápsulas de cristal herméticas e insonoras. Sin embargo la escritora los torna accesibles a quien los ve, mediante los visages, el movimiento de manos, el modo de estar, siendo la señora D. la más fiel exponente del ejercicio de esta voz social. Voz provista a su vez de los tonos de la ironía, el sarcasmo o la impersonalidad, que atraviesan las superficies de las realidades.
Si siguiéramos con atención las intervenciones de la señora D. descubriríamos indicios que hablan de esa elección narrativa de la autora: “/…/Se sentía muy joven, y al mismo tiempo indeciblemente aventajada. Como un cuchillo atravesaba todas las cosas; y al mismo tiempo estaba fuera de ellas, mirando. Tenía la perpetua sensación, mientras contemplaba los taxis, de estar fuera, fuera, muy lejos en el mar, y sola: siempre había considerado que era muy, muy peligroso vivir, aunque sólo fuera un día. Y conste que no se consideraba inteligente ni extraordinaria/…/.
Debería tal vez acercar el tema del psicoanálisis –nos decimos- dado el carácter de instropección de la obra y en la afirmación de que ambos creadores –Woolf y Joyce- realizan con respecto al conocimiento apenas tangencial que tuvieron de Freud, el científico vienés.
Será el acercamiento a estas obras, que nos preceden en el tiempo, una fuente de aprendizaje sobre la densidad que nos ocupa y la que reclamará su atención un día cualquiera. Ese día habremos de responder organizándole una fiesta social, o asistiendo a ella sin convicción, por casualidad o concurriendo en boca de alguien, tal vez como noticia de última hora. Será, entonces, la fiesta y nuestro modo de estar en ella, la representación, al fin y al cabo, de nuestra propia vida. De estos apuntes desordenados, sólo nos resta tomar una decisión, vestirnos con ellos y acudir a la fiesta de la crítica que nuestro propio deseo ha convocado.


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